La vida misma.... mmmm
George Orwell jamás habría sospechado que su fabulosa idea de un Gran Hermano que todo lo ve en 1984 iba a ser tan reloadeada hasta llegar a lo que es hoy: un grupo de parásitos que viven de arriba por tres meses hablando huevadas, pero que me tienen pegada frente al tele como si algo interesante siempre estuviera a punto de pasar.
Llegó Gran Hermano 2007, y con el todos los programas de panelistas de cerebros vacíos que hablaran de los 18 pibes que están adentro de “la casa”. Escucho en este momento a Moisés Ikonicoff diciendo “En la casa deberían repartir vejigas artificiales a todos los protagonistas”. Textual e increíble.
El verano está falto de programación en la TV y me ponen un canal de 24 horas GH. No atenten contra mi salud mental, se que me va a traer consecuencias psíquicas importantes si sigo viendo como toma sol en la pileta un muchacho por más de quince minutos sin omitir un puto sonido, esperando que en algún momento grite “Soy un asesino serial y los voy a matar a todos!!!”; pero no, solo toma sol.
Igual lo miro, igual me atrapa. Gran Hermano tiene ese condimento de morbo ocioso que me deja paralizada aunque más de una vez me sienta la anti-intelectualoide que siempre quise ser. Pero no importa, es la cuarta edición y vi las cuatro. Es la cuarta edición y todavía no pasó nada.
Yo me metería en “la casa” (los LA y EL son todos productos de la TV: La Señora, El Señor Gerardo, La diva de los teléfonos y ahora La casa) para hablar un rato al pedo y conocer gente pero mi pasado ya tiene bastantes puntos oscuros como para darle de comer a Chiche Gelblum dentro de diez años cuando yo pretenda ser una periodista y el me marque en su programa con un circulo rojo mientras muestran imágenes de mi paso por Gran Hermano bailando Gasolina abrazada de un chongo que conocí hace dos días. No Chiche, no te voy a dar el gusto.
Por eso, para conocer gente y hablar al pedo mi mejor opción sigue siendo un viajecito en carpa al Bolsón, sin cámaras, pero con muchos seres extraños por conocer. Y a Gran Hermano lo miro en la caja boba, mientras pienso en el futuro destruido de esas dieciocho personas; todas quieren ser Silvina Luna pero no saben que en más de una, su fama será más efímera que la de la preceptora hot.
Con suerte, tres tardes en lo de Rial. Con mucha suerte, un novio mediático medio pelo del estilo “ex jugador de Boca”.
No más castings para realitys, no más Solita´s ni Riales con cara de tragedia cuando se vienen las nominaciones. Quiero televisión verdad y que no requiera mi estupidización, no quiero pensar más en estas huevadas…. Me odio por granhermanera, pero no hay con que darle, me copa espiar a los salames esos.
Llegó Gran Hermano 2007, y con el todos los programas de panelistas de cerebros vacíos que hablaran de los 18 pibes que están adentro de “la casa”. Escucho en este momento a Moisés Ikonicoff diciendo “En la casa deberían repartir vejigas artificiales a todos los protagonistas”. Textual e increíble.
El verano está falto de programación en la TV y me ponen un canal de 24 horas GH. No atenten contra mi salud mental, se que me va a traer consecuencias psíquicas importantes si sigo viendo como toma sol en la pileta un muchacho por más de quince minutos sin omitir un puto sonido, esperando que en algún momento grite “Soy un asesino serial y los voy a matar a todos!!!”; pero no, solo toma sol.
Igual lo miro, igual me atrapa. Gran Hermano tiene ese condimento de morbo ocioso que me deja paralizada aunque más de una vez me sienta la anti-intelectualoide que siempre quise ser. Pero no importa, es la cuarta edición y vi las cuatro. Es la cuarta edición y todavía no pasó nada.
Yo me metería en “la casa” (los LA y EL son todos productos de la TV: La Señora, El Señor Gerardo, La diva de los teléfonos y ahora La casa) para hablar un rato al pedo y conocer gente pero mi pasado ya tiene bastantes puntos oscuros como para darle de comer a Chiche Gelblum dentro de diez años cuando yo pretenda ser una periodista y el me marque en su programa con un circulo rojo mientras muestran imágenes de mi paso por Gran Hermano bailando Gasolina abrazada de un chongo que conocí hace dos días. No Chiche, no te voy a dar el gusto.
Por eso, para conocer gente y hablar al pedo mi mejor opción sigue siendo un viajecito en carpa al Bolsón, sin cámaras, pero con muchos seres extraños por conocer. Y a Gran Hermano lo miro en la caja boba, mientras pienso en el futuro destruido de esas dieciocho personas; todas quieren ser Silvina Luna pero no saben que en más de una, su fama será más efímera que la de la preceptora hot.
Con suerte, tres tardes en lo de Rial. Con mucha suerte, un novio mediático medio pelo del estilo “ex jugador de Boca”.
No más castings para realitys, no más Solita´s ni Riales con cara de tragedia cuando se vienen las nominaciones. Quiero televisión verdad y que no requiera mi estupidización, no quiero pensar más en estas huevadas…. Me odio por granhermanera, pero no hay con que darle, me copa espiar a los salames esos.


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