Papitos

Dicen que no hay un manual para padres, yo no entiendo cómo nadie se le ocurrió escribir uno hasta el momento si es facilísimo. No estaré llena de hijos, de hecho ni siquiera tengo uno solito, pero vengo practicando en esto de ser hija hace más de 20 años y, dada mi experiencia, me siento en condiciones de afirmar que para ser padre lo primero que hay que hacer es RELAJARSE.
Odio a las madres histéricas que te gritan cuando estas aprendiendo a manejar como si tu obligación fuera haber nacido con un pie en el embrague y una mano en el volante. Odio a los padres que se quejan de tus gastos y pretenden que seamos el mismísimo Cavallo ajustando el cinturón, pero un cinturón de los que venden en Once.
Edipo es la mierda más grande y más real de este planeta. Las mujeres a veces somos tan taradas que no nos alcanza con ver a en el sillón a ese señor de panza abultada y cansancio laboral que dice haber sido feliz con tu madre sino que encima nos buscamos un novio que se le parezca bastante, y que nos de seguridad, y nos quiera, y nos mime y nos respete... tal como papucho lo hace.
No quiero profundizar en mi madre porque sería digno de escribir un libraco de esos bien gordos. Petete Materno tendría un capítulo dedicado a “No te metas en mis cosas”,y otro que se titule “A mis novios y a mis amigos me los elijo yo”. ¿Será que para ser madre indefectiblemente es necesario encontrarle los defectos a los afectos de su hijo? ¿Será que a las madres se les ha roto su termostato interno que siempre pretenden que estemos más abrigados de lo que marca el relojito de TN?. Vos te estas yendo tranquilito y silbando bajo de tu casa y desde lo más profundo de la cocina un “Cuidate” te quema el cerebro advirtiéndote que afuera existen un montón de peligros que minutos antes habías olvidado.
Quien diría que mis padres, de los más imperfectos en la industria de la paternidad, iban a darse cuenta que yo estaba aprendiendo de ellos en cada movimiento. Si los padres tuvieran en su manual o en algún huequito de su cabeza, inscripta la premisa de que “los hijos son el resultado de sus actos” serían bastante más vivarachos de lo que han sido e irían al grano antes que nuestras preguntas incomodas los descoloquen o se sientan “frustrados” de que su pequeño pimpollo no haya sido lo que ellos desearon que fueran.


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