Aconteceres de la lluvia

Parece mentira que dos o tres gotas me condicionen tanto. Un día de lluvia y ya caigo cinco pisos para abajo, abajo, abajo. El tema es que no caigo para llegar a planta baja, abrir la puerta y ponerme a chapotear en Anchorena. No; caigo de onda, me baja el ánimo por culpa de las fucking gotitas.
Es verano y el sol se va, se deja ir atrás de una lluvia. Lluvia de las chiquititas pero constantes, cual tortura china caen en el techo de mi vecino, me hace pensar, la lluvia me pone pensativa. Desempolvo los discos bajón que tengo por ahi guardados, llego a escuchar algún tema de Alejandro Sanz para pecar de hija de puta, me lavo los ojos y agarro viaje para cualquier parte: un libro, un teléfono con amigas o el chat de una amor de mentiritas que llega siempre a saludarme, justo antes de irse sin mi.
Las lluvias de verano son iguales o peores que las de invierno. Peores porque no te las esperás y te agarran de improvisto con tus ojotas aceitosas en pleno Corrientes. Iguales porque en invierno también te mojan mientras sigas negada a meterte abajo de un paraguas negro.
Quiero que mañana salga el sol, que se levante tempranito y se cuelgue de mi cielo, que me guiñe un ojo y me persiga en mi caminata. Quiero un sol y no más gotas. La lluvia no está mal, siempre que dure poquito. Hoy me banco un día humedoso, hoy me deja en stand by y me pone teórica, pensativa, argumentativa y hasta con ganas de escribir. Pero hoy me lo banco, hoy y sólo hoy al menos por una semana, mañana sería un exceso y de eso no quiero más.


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